“La mente que se abre a una nueva idea jamás volverá a su tamaño original” A. Einstein

Entramos ya en un nuevo año, con cierta resaca del anterior, de sus cambios, de la crisis de salud producto de la pandemia que no termina de irse, de las revoluciones en todos los sitios y a todos los niveles, social, político y cultural. Todo esto que sucede en el entorno tiene un fuerte impacto en cada uno de nosotros, tanto a nivel individual como social, ya que no nos deja indiferentes, nos afecta emocional, mental y físicamente.

No podemos ni debemos abstraernos de estas situaciones, pero sí es necesario afrontarlas de la mejor manera posible, contando con los recursos necesarios para no solo salir indemnes de ellas, sino reforzados.

Como centro de mis preocupaciones, ha estado siempre empoderarme y empoderar a las personas, haciéndolas huir del victimismo y la melancolía, encontrando la manera para crecer en cada embate.
Con este objetivo nació un nuevo modelo: REINVENTARSE, que nos acompañará a lo largo de este año y que quiero compartir con ustedes como mi humilde contribución para esta nueva era. Espero que les sirva, como me ha servido a mí repetirme una y otra vez para recordar y así poder aplicar cada una de las actitudes y comportamientos que incluye.

Qué implica REINVENTARSE

Reinventarse es volver a inventarse, tener el impulso y la voluntad de renacer, de volver a idear una forma de afrontar los desafíos que se nos presentan, enfrentar la pandemia y sus consecuencias, cambiar de trabajo o la forma de trabajar, gestionar las relaciones con menor costo emocional, repensar. Reinventarse implica renovarse, reciclarse, “resetearse” y volver a empezar, repensar las situaciones, con el objetivo de emprender un nuevo camino o recorrer el mismo, pero transitarlo de diferente manera o acompañado de distintos recursos a los utilizados anteriormente.  Reinventarse, en suma, es desarrollar una nueva forma de vivir, para ser más productivo y más feliz.

Con la R de “Romper paradigmas”

La primera clave de Reinventarse es romper los paradigmas. Y esto ¿por qué? Porque los paradigmas son modelos mentales que nos creamos con el objetivo de comprender algo. Los paradigmas son los filtros que condicionan nuestra percepción de la realidad y, en consecuencia, nuestra respuesta a ella. Son creencias sobre cómo funciona el mundo, cuyo objetivo es facilitarnos la adaptación a él. Por ello, las consideramos verdades absolutas, que no nos permitimos cuestionar. Funcionan tanto a nivel individual, como colectivo.

La mayoría de los paradigmas se crean motivados por el miedo a lo desconocido, o como consecuencia de experiencias de fracaso. Por ello, la ventaja de los paradigmas es que nos protegen y nos ayudan a automatizar nuestros comportamientos sin necesidad de reflexionar cada paso que damos, por lo que nos permiten actuar en el momento presente con las mismas reacciones aprendidas del pasado. Los paradigmas nos dan seguridad, nos sirven como marco para la toma de decisiones, nos evitan sentirnos dubitativos e inseguros ante determinadas situaciones.

A nivel individual, suelen manifestarse como creencias limitantes: “No soy capaz de hacer eso”; “A mí jamás se me ocurriría esa idea”; “Yo no podré hacerlo, ya que nunca pude”, etc. A nivel grupal, suelen formar parte de culturas familiares, empresariales y sociales, las cuales para sentirse parte de las mismas y no ser marginados, los individuos tienen que compartir. Esta presión social lleva a verdaderos procesos de irreflexión colectiva, en donde nadie se atreve a cuestionar el statu quo y aunque individualmente no se esté de acuerdo, nadie se atreve a tomar la iniciativa de cuestionar el paradigma existente.

Pero el mundo no es estático, las situaciones son diferentes, los cambios son el pan nuestro de cada día, entonces la desventaja de los paradigmas radica en que al no reflexionar por qué hacemos lo que hacemos, podemos no mirar la realidad de una manera nueva que nos permita recrear situaciones, ampliar perspectivas, descubrir nuevos caminos, encontrar nuevas opciones y crear nuevas soluciones. Al no cuestionarnos los paradigmas, no nos atrevemos a reflexionar, a explorar, a romper hábitos. Por ello, los paradigmas no solo nos marcan los límites, sino también nos limitan.

De hecho, todos los grandes cambios que se han producido a lo largo de la historia se produjeron al romper paradigmas.

Si rompemos los paradigmas, podemos percibir matices que antes nos pasaban desapercibidos, estaremos estimulados a esforzarnos a encontrar nuevas opciones y dispuestos a flexibilizar nuestras maneras de reaccionar, abandonando las reacciones automáticas.

Nuestra atención es selectiva, tiende a ver únicamente lo que buscamos de forma activa. Para ello debemos abrir la mente a nuevas preguntas, nuevas ideas, ya que, como dijo Einstein, “la mente que se abre a una nueva idea jamás volverá a su tamaño original”. Hoy la neurociencia y los descubrimientos sobre la neuroplasticidad avalan este concepto. Con lo cual, al romper paradigmas, estamos ampliando nuestros límites, nos estamos abriendo a nuevos pensamientos, nuevas conexiones neuronales, nuevos hábitos… en suma, estamos haciendo que nuestra mente y nuestra conciencia se expandan y con ello nuestro potencial.

Y este cambio que experimentamos a nivel individual acarrea también un cambio sistémico. Por ello, si queremos cambiar y afrontar la realidad de una manera diferente para poder reinventarnos libremente, lo primero que debemos hacer es romper nuestros paradigmas. Pero cuestionárnoslo, porque tal vez, esto también sea un paradigma.

Escrito por María Julieta Balart