Los celos representan una de las emociones más naturales o frecuentes -aunque incómoda- típica de las personas y de algunos animales. En cambio, la envidia está asociada más a características de personalidad o a tipos de culturas y representa una de las emociones más dañinas no sólo para quien la siente, sino también para el envidiado.

¿QUÉ SIGNIFICA CADA EMOCIÓN?

Los celos son una respuesta emocional al recelo que se siente por temor a perder cualquier afecto o bien a que lo alcance otro. Busca proteger lo que se tiene y se quiere. Las personas aprecian lo que poseen, o las relaciones especiales que tienen, por lo que, cuando sienten que peligra su existencia, los celos en su justa medida les mantiene en un estado de alerta, aunque, cuando son exagerados, les torturan y pueden resultar patológicos y destructivos.

La envidia, en cambio, es la tristeza que se siente por no tener lo que otro posee y la rabia que produce que él lo tenga.

Lo que subyace a la envidia es la sensación de sentir carencia, lo que provoca la comparación con quien no lo está. La envidia es un fenómeno psicológico muy común que hace sufrir enormemente a los envidiosos y a sus víctimas. Puede ser leve o intensa, simple o compleja, consciente o inconsciente, pero siempre constituye un doloroso sentimiento de frustración por alguna carencia propia, que produce una gran hostilidad hacia la persona a la que se envidia. Por ello, la mal llamada “envidia sana” no existe.

EL ORIGEN DE LOS CELOS

Las personas celosas por naturaleza, que lo demuestran en cualquier circunstancia, son aquellas que tienen una baja autoestima, les cuesta valorarse adecuadamente a sí mismas, probablemente por pérdidas afectivas en la infancia debida a abandonos o poca valoración por padres exigentes y muy críticos. También es posible que hayan aprendido que los celos constituyen una poderosa herramienta para defender lo que poseen.

Los celos surgen en aquellas personas inseguras que no confían en sus capacidades y piensan que no son merecedoras del reconocimiento o, en el caso de la pareja, del afecto y fidelidad.

Cuando la persona no tiene un nivel adecuado de autoestima, cualquier suceso del entorno le hace dudar y ver amenazas donde no las hay, lo que le lleva a mantener una actitud de alerta en muchos casos innecesaria, que en lugar de afirmar su seguridad, se la disminuye.

Cada vez que el celoso interprete que se le está engañando o dejando de lado, reaccionará de manera impulsiva, criticando, haciendo recriminaciones y planteando exigencias que sólo él será capaz de entender y que los demás verán como una reacción infantil y falta de respeto, lo que puede originar que el hecho objeto de los celos vuelva a repetirse en el futuro, deteriorando la relación del tipo que sea, ya sea amorosa o profesional.

EL ORIGEN DE LA ENVIDIA

El envidioso es un insatisfecho autocomplaciente que generalmente no es consciente de que lo es. Por ello, siente interiormente mucho rencor contra las personas que poseen algo que él también desea pero no puede o no quiere desarrollar, como la belleza, el éxito, el amor o la felicidad. En lugar de ser consciente de sus carencias y tomar la iniciativa de realizar sus deseos, el envidioso simplemente odia y desea «destruir» a toda persona que, como un espejo, le recuerda su privación.

Las personas envidiosas normalmente tienen personalidades inmaduras y narcisistas, que les llevan a una constante ansia de destacar y ser el centro de atención para lograr a toda costa la valoración de los demás. Viven en continua competencia con todo el mundo y atormentadas por la envidia.

No es ya que los demás tengan cosas que el envidioso desea, es que las desea precisamente porque los demás las tienen. El sufrimiento que les provoca la envidia afecta al desarrollo de su personalidad y condiciona su estilo de vida y bienestar. En suma, cuanto más infantil, neurótica o insatisfecha sea una persona, más envidiosa será. La envidia sólo se cura madurando la personalidad y resolviendo las propias carencias, ya que la persona madura no envidia a nadie.

CONSECUENCIAS E IMPACTO DE LOS CELOS

Cuando una persona permite que los celos se manifiesten en su forma de ser y comportarse, su carácter se ve dominado por expectativas falsas, pretendiendo controlar el comportamiento de los demás y deseando que únicamente le presten atención a ella. En el ámbito profesional, la persona celosa puede percibir cosas que no son ciertas como favoritismos o exclusiones. Si los celos se manifiestan como exigencias exageradas de atención, puede conseguir lo contrario a lo que busca, porque, en general, a nadie le gusta sentirse obligado y controlado y es probable que en lugar de atención, la persona celosa logre evitación.

Las personas celosas deben identificar si existen realmente razones para sentir celos.

En caso de que existan motivos, éstos se deben expresar inmediatamente al otro, con la finalidad de evitar malos entendidos y un deterioro en la relación. Cuando una persona tiene un arrebato de celos, lo mejor que podemos hacer es mantener la calma y preguntarle serenamente qué es lo que le ha molestado y qué podemos hacer para evitar que se sienta así. Enfrentarse y minusvalorar su emoción sólo puede empeorar la situación. Es mejor fomentar una buena comunicación que relaje la ansiedad del celoso al permitir que manifieste las causas de los celos y verificar lo real o erróneo de sus razonamientos.

CONSECUENCIAS E IMPACTO DE LA ENVIDIA

Las formas de expresión de la envidia son innumerables. Por ejemplo, críticas, injurias, desprecio, agresiones, ironías, difamación, venganzas, etc. Todos estos comportamientos son tremendamente perjudiciales para la persona envidiada, sobre todo en el ámbito profesional, porque van creando una imagen poco real suya y generando animadversión hacia ella en quienes tal vez no tienen ese sentimiento, pero consideran estos comentarios de la persona envidiosa como verdades. En las relaciones personales, familiares y de pareja, la envidia está involucrada en muchos conflictos y rupturas sin causa aparente.

La envidia es una defensa típica de las personas más débiles en cualquier sentido, que, hablando mal de la persona envidiada, suelen lograr captar la atención y contagiar a los demás el rechazo que sienten hacia el objeto de su envidia.

En definitiva, aunque son emociones diferentes, tienen consecuencias parecidas ya que son incómodas y destructivas para quien las siente y para quien las recibe. Por ello, aprendamos a reconocerlas para poder gestionarlas.

 

Escrito por María Julieta Balart  

Fuente: ORH edición 104