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LA EMPATÍA: LA CLAVE PARA CONECTAR CON LOS DEMÁS

Qué es la empatía

Es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, poniéndose en su lugar y de esta manera poder responder correctamente a sus reacciones emocionales. De acuerdo al modelo, la competencia emocional de empatía se logra cuando combinamos a nivel intelectual la escucha activa, a nivel emocional la comprensión y a nivel conductual la asertividad, porque recordemos que cada competencia se logra alineando de manera coherente lo que pensamos, sentimos y hacemos.

Quien es empático desarrolla la capacidad intelectual de vivenciar la manera en que siente la otra persona, lo que le facilita la comprensión del porqué de su comportamiento y le faculta para mantener un diálogo con el otro con un estilo de interacción positivo para ambos, respetando lo que piensa y siente cada uno y buscando acuerdos de mutuo beneficio.

La empatía es una de las competencias de la inteligencia emocional interpersonal; es la capacidad de tener conciencia social, ya que con ella se pueden leer las emociones, apreciar los sentimientos y necesidades de los demás, dando pie a la calidez emocional, el compromiso, el afecto y la sensibilidad porque permite responder de la manera más adecuada posible. Por ello, las personas empáticas suelen tener más éxito social, ya que la empatía facilita las relaciones interpersonales, la negociación, la capacidad de persuadir y el desarrollo del carisma.

Escucha activa

La escucha activa es escuchar con atención lo que el otro dice con su comunicación verbal y no verbal, con la mirada, tono de voz, postura, etc. Para que se pueda producir una verdadera escucha activa, es necesario estar en un estado de atención plena o consciente, lo que permite advertir de forma evidente los estímulos que nos llegan del exterior.

La atención consciente se trata de que quien escucha se centre de manera exclusiva en la otra persona durante un tiempo determinado, es decir, lo que se llama “detener la mente”, no pensar en nada, solo estar concentrado en lo que el otro está diciendo, teniendo interés por todo lo que se escucha y se observa sin juzgarlo.

Nuestra mente a través del juicio clasifica, escoge, desecha, aprueba y desaprueba y lo hace con sus propios baremos o parámetros, los cuales se han ido construyendo desde la infancia producto de la educación, personalidad, experiencia, etc. Al juzgar, sin ser conscientes de ello, “desconectamos” de lo que el otro dice, dejamos de escucharle, pasamos de estar centrados en el diálogo exterior para conectar con “nuestro diálogo interior” (pensamientos, sentimientos, valores, expectativas, etc.) alejándonos de la posibilidad de ser empáticos.

Escuchar activamente es un acto intelectual, igual que pensar, juzgar, adivinar o cualquier otro acto realizado por la mente. Y aunque creamos lo contrario, no se pueden realizar bien con consciencia dos actos intelectuales simultáneos; o ponemos la atención en uno, o en el otro, pero si creemos que podemos hacer los dos, no será con atención plena, que es de lo que se trata.

Prestar atención plena requiere realizar un esfuerzo físico y mental considerable para evitar las distracciones que ejercen otros estímulos. Este esfuerzo produce un desgaste de energía, por ello, no es frecuente escuchar activamente. Sin embargo, se puede entrenar y de esta manera estaremos emocionalmente más predispuestos a comprender al otro.

Comprensión

La comprensión es la actitud que surge de prestar atención plena e implica estar abiertos a explorar el mundo del otro para entender sus sentimientos y necesidades fundamentales. Para que esto se produzca es necesario que el interlocutor se “olvide de sí mismo” y de sus principios e intente acercarse al mundo del otro, como si intentara aprender un idioma desconocido o explorar un mundo nuevo, ya que, como somos todos diferentes, la comprensión es fundamental para generar empatía.

Comprender es ver con “naturalidad” los actos y sentimientos de los demás, sin juicios, ni condenas, sino con la convicción de que cualquiera de nosotros podemos caer en lo mismo, ya que somos humanos y podemos cometer los mismos errores o dejarnos llevar por los impulsos semejantes.

La comprensión es la actitud que nos permite ofrecer una relación de calidad, fundada en un escuchar no valorativo, entendiendo los motivos del otro, sin culpas ni exigencias, sino contactando con lo que el otro siente y entendiendo por qué lo siente. Mediante la comprensión se pueden incluso captar aspectos que ni el otro es consciente de ellos e identificar y aprovechar las oportunidades comunicativas que nos ofrece la otra persona.

La comprensión es una competencia que tenemos como seres humanos, ya que si escuchamos activamente, compartimos las sensaciones y sentimientos porque nuestra fisiología está preparada para ello. La neurociencia ha descubierto que tenemos unas neuronas, llamadas “neuronas espejo”, que reflejan las acciones del otro; si el interlocutor sufre, las neuronas espejo nos hacen sentir también el sufrimiento. ¿Por qué entonces resulta tan difícil, teniendo esa capacidad natural, ser empáticos? Porque en lugar de estar centrados en el otro, lo estamos en nuestros propios pensamientos y emociones, perdiendo la capacidad de conectar con el otro.

Las personas que en la infancia han sido nutridas afectivamente, porque han sido aceptadas, cuidadas y queridas, tienen más capacidad para comprender a los demás, porque tienen menos miedo a que si lo hacen renuncien a sí mismas.

La comprensión no implica tener simpatía ni antipatía al otro, sino simplemente entenderlo sin juzgarlo. Además tener comprensión es aplicar la compasión más la acción, lo que nos lleva a proponer, sugerir o establecer los medios que ayuden a los demás a superar el estado por el que actualmente pasan.

Comprender no significa estar de acuerdo con el otro, ni implica dejar de lado las propias convicciones y asumir como propias la del otro. Es más, se puede estar en completo desacuerdo con alguien sin por ello dejar de ser empáticos y respetar su posición, aceptando como legítimas sus propias motivaciones. Pero para poder realizar esto sin temor es importante desarrollar también la competencia de la asertividad.

Asertividad

Como lo importante no es tanto comprender al igual, sino hacerlo con el diferente y poder empatizar con él sin renunciar a uno mismo, es necesario desarrollar también la asertividad.

Asertividad es una palabra que procede del latín “asertum” que significa poner en claro, afirmar e implica tener la capacidad para expresar o transmitir lo que se quiere, piensa, siente o necesita, sin incomodar, agredir o herir los sentimientos de la otra persona.

Es valorar tanto la propia perspectiva como la del otro, sin sentirse amenazado por la diferencia, pero sí reforzado por la convicción de que, aunque se comprende al otro, se defiende también la propia postura y se busca desde el respeto una alternativa que beneficie a ambos o perjudique lo mínimo posible.

Por ello, en este modelo, a la asertividad le antecede la comprensión, la cual nos facilita que estemos más preparados para respetar al diferente y poder leer de una forma más adecuada las necesidades del distinto y empatizar con él, y en base a ello, poder reajustar nuestro actuar para lograr desde la sinceridad y el respeto el mutuo beneficio.

Conclusión

La empatía es una herramienta para conectar con los demás, porque nos lleva a empatar con simpatía, lo que significa buscar el ganar/ganar en la relación con el otro con verdadero interés a través de la escucha activa, de conocer cuál es el mapa con el que explora el mundo y mediante la comprensión, entender y respetar por qué escoge las rutas que escoge para andar por la vida.

Si así lo hacemos, nuestro propio mapa se amplía, incorporamos nuevos paisajes, aprendemos nuevas rutas y al tener un mapa más amplio, caminamos más seguros y más felices por la vida porque elegimos los caminos más cortos y mejores, los que nos hacen llegar antes a nuestro destino perfecto: la autorrealización.

Por María Julieta Balart para ORH

 

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